sábado, 8 de agosto de 2015

Rmf ALARMAS 1: Sombras alargadas




Debo advertir que el contenido de este post puede herir la sensibilidad del ciudadano normal, puesto que en lugar de considerar que “inside out”, la última joya de la factoría Pixar _ Disney, es una película maravillosa por su originalidad y fantasía, mi opinión es que es una obra maestra del engaño, un vehículo de propaganda del racionalismo fundamentalista y representa la negación radical de la magia, reduciendo el mundo de la fantasía a una consola de mandos que recuerda las ilustraciones de Steve Cutts, hace poco destacadas por Manu Montes. En definitiva, un envoltorio de lujo para un producto venenoso encaminado a intoxicar el espíritu de las personas, lo mismo que la bollería industrial y la comida basura intoxica su cuerpo. Por tanto, insisto: si te gustó la película, no sigas leyendo. No tengo el mas mínimo interés en que despiertes de tu apacible sueño.



Ya hace unos años que un artículo mío en Tertulias denunciando a la neurociencia como el soporte científico del neoliberalismo ocasionó una convulsión en la comunidad mágica, abducida al movimiento ultraconservador a través de la neuromagia, un montaje comercial que no solo negaba la magia auténtica sino que reducía el ilusionismo a sus concepciones anteriores al siglo XX.

De la misma forma que debido a una campaña pestilente en la telebasura la zumba se ha convertido en el sustituto del aerobic, todo el mundo sabe ya que la magia consiste en que el mago desvía tu atención mediante chistes para que no veas el truco. Y lo mismo que zumba nada tiene que ver con un entrenamiento deportivo, la llamada neuromagia nada tiene que ver con la magia. Solo es una usurpación conceptual, en ambos casos, encaminada a una población embrutecida, a la que se ha privado del alma, del espíritu y de su esencia como personas. Como compensación se le ofrecen algunos sucedáneos que solo son una apariencia sin ninguna sustancia real, lo mismo que una mascota es feliz con un hueso que solo tiene la apariencia de un hueso.

Nada sorprendente dado que sus grandes popes, Gazzaniga y Pinker, se nutren del positivismo, el pensamiento filosófico de Augusto Comte, que en la mitad del siglo XIX representó el corazón del último ciclo racionalista, del que salimos al comenzar el pasado siglo. En base a ese pensamiento, niegan el alma y el espíritu de las personas, lo que las convierte en máquinas biológicas a las que se les puede implantar una química de la felicidad basada en la eliminación de toda crítica al sistema, que es, por supuesto, lo mas de lo mas de lo mas de todo lo posible, el tercer estadio super tecnológico al que se llega una vez superado el mundo mítico primitivo y el universo metafísico posterior.

Esto no se lo puede tragar nadie, salvo que su espíritu crítico haya sido previamente laminado, es decir, cuyo cerebro no haya sido manipulado, como el de la niña de la película, hasta aceptar como propios un sistema de supuestos valores que son sencillamente aberrantes.

El caso de Colón aterrorizando a los indígenas con la predicción de un eclipse, para robarles sus recursos, se nos muestra por la neurociencia como el ejemplo de la superioridad de la civilización occidental sobre las culturas primitivas, cuando en realidad lo único que muestra es su superioridad en infamia y corrupción.

La historia de los Conquistadores (libro IV del Canto General de Pablo Neruda) es la crónica de un genocidio perpetrado por unos criminales que utilizaron su superioridad armamentística amparados por una religión en estado de descomposición, comandando los ejércitos de la vergüenza el mismísimo Apóstol Mataindios, después de haberse hecho famoso con las matanzas de moros.


Por cierto, que una tibia disculpa del papa actual por estos crímenes, desató las furias del fundamentalismo Nacional Católico, ese que viene en masa a invadir la ciudad gallega de Santiago de Compostela, llenándola de una energía oscura que hace que el aire de la Plaza del Obradoiro se vuelva irrespirable, como está sucediendo este segundo fin de semana de Agosto 2015.

La película nos cuenta la historia de una niña llamada Riley, de 11 años, hija única de una familia americana feliz, hasta que por motivos de trabajo tienen que trasladarse de Minnesota a San Francisco (como de Oviedo a Cádiz, por ejemplo), cosa que a la niña le produce un desarraigo, como a cualquiera que tenga que marcharse al otro extremo del país por aquello de la movilidad laboral, y no digamos si tuviera que emigrar al extranjero, como tantos tiene que hacer a causa de la crisis.

Pero realmente la protagonista no es la niña, sino sus emociones, diseñadas por el neuro sicólogo Dacher Keltner, autor del libro “Born to be good y asesor de Pete Docter, autor de la película: Alegría, Tristeza, Asco, Miedo y Violencia, a la que eufemísticamente se le llama ira.


Cuando la niña tiene una reacción violenta y decide escaparse de casa para regresar a sus orígenes en Minnesota, el equipo de emociones de diseño, que operan como desde una consola de videojuego, entran en acción para neutralizar la rebelión y hacer que la criatura regrese al redil familiar donde está la felicidad, representada en ese triunfo final en el partido de hockey, cuando su afán competitivo vuelve a estar dirigido por la violencia reconducida en triunfo sobre los demás.

Durante ese proceso, Alegría y Tristeza viajan al inconsciente de Riley, con objeto de manipular su mente desde lo profundo, una mente sin alma convertida en una gigantesca cadena de estanterías en forma de laberinto en las que se amontonas los recuerdos confinados en pequeñas esferas trasparentes y luminosas, que a medida que se apagan, caen en una enorme sima de la que no se puede escapar, formando un gigantesco basurero de esferas oscuras.

En definitiva, lo que la neurociencia nos propone, una vez eliminada la Realidad Metafórica inherente a la vida espiritual de las personas, es la selección de una serie de recuerdos llamados esenciales que son los que configuran las islas de la personalidad (familia, amistad etc.) de los ciudadanos felizmente integrados en el maravilloso sistema del que son parte, a costa de que la mayor parte de los recuerdos sean literalmente eliminados en ese gigantesco basurero oscuro que llena el cerebro neuroquímico de la niña Riley, o lo que sea el resultado de esa manipulación.

Porque si Riley, en lugar de una niña de 11 años, fuera una mascota, no habría ninguna diferencia esencial en ese cerebro ultra racional creado por Keltner y recreado en imágenes por Docter, con la financiación de la factoría Disney.


La película es técnicamente buena, la animación bien lograda, el guión inteligente con diálogos de calidad, dibujos con estilo propio adecuados al entorno 2015, no han escatimado en gastos con vistas a un probable Óscar…

pero una vez que te vas alejando de la pantalla y las luces del rutilante envoltorio se desvanecen, lo que va apareciendo es un cuento de terror que se desarrolla en una realidad espantosa hacia la que vamos teledirigidos, lo mismo que Riley, niña o mascota, ¿quien sabe?, es una marioneta manejada desde la consola de sus emociones condicionadas y manipuladas en lo profundo del inconsciente.

Menos mal que la Realidad Metafórica, fuera de la comprensión de la neurociencia, permanece intacta, y desde ahí, otra realidad puede generarse, tal vez antes de que el mundo desaparezca, 
tal vez después.

Eso nadie puede saberlo.

Sábado 8 Agosto 2015

1 comentario:

  1. Interesante análisis, un visión incomoda que sacude el conformismo de la mayoría. Y es preocupante que nuestros hijos consuman estos productos sin tener opción.

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