lunes, 7 de septiembre de 2015

Rmf Señales 3. Fallo de programación

La ceremonia de la confusión ha comenzado:
que si la imagen del niño está pixelada para tapar nuestras vergüenzas, que si huían del IS cuando en realidad emigraban de Kobane, una ciudad arrasada por la coalición internacional en la que estamos, que si ahora los recibimos con los brazos abiertos, que si los otros niños de las otras playas no se han hecho famosos, que si el cerebro humano es muy complejo y los cásicos, con Platón a la cabeza, eran unos ignorantes que no tenía ni idea de su funcionamiento, según el neurocientífico Gazzaniga, uno de los encargados de embrutecer a la población, todo esto en la prensa de hoy.

En cuanto se habla de refugiados ya se escucha ese argumento xenófobo, primero trabajo para los de aquí. Ese mensaje venenoso lanzado por unas autoridades carentes de cualquier principio moral, ha calado en la población. La corrupción que se imparte desde arriba se extiende como un cáncer por abajo.

Otro argumento destructivo es ese de que la raza humana somos todos basura, lo que justifica todas las tiranías. Es como aquello de todos somos corruptos, el si yo estuviera allí robaba mas que ellos, que se escucha en las tabernas a clientes desesperados, empapados en alcohol, entre partido y partido.

Esto no es así. Son los gobernantes actuales los que son unos corruptos y unos aspirantes a criminales (los verdaderos criminales están en la cúpula y estos no son mas que sus lacayos).

De repente los movimientos solidarios se disparan, todo el mundo se lleva las manos a la cabeza… todo son pamplinas.


 


Hay que dejarse de tonterías. Lo que hace falta es un movimiento de toda la gente consciente para cambiar esta barbarie, de la que el Niño Aylan es solo la metáfora de una degradación generalizada.

TODOS UNIDOS PODEMOS y los ciudadanos jamás vamos a perdonar que en la oportunidad histórica que tenemos en estos momentos no se consiga un gobierno decente.

Porque hace falta un gobierno decente, de personas honradas que detesten esta situación, que estén dispuestas a eliminar la corrupción a todos los niveles, que no financien espectáculos bochornosos en nombre de tradiciones caducas, arcaicas y salvajes, que no tengan miedo a denunciar lo que son crímenes contra la humanidad en los foros correspondientes, como hacen los gobiernos decentes de Sudamérica.

 

Mientras el verano pasado “disfrutábamos” con los bombardeos sobre Gaza, este año toca el “Show” de los Niños de la Playa. Pero así como los niños masacrados en Gaza no despertaron mayor interés, gracias a una campaña de propaganda brutal del Régimen Sionista y sus aliados, y una imposición de silencio a los gobiernos títeres europeos, la imagen sencilla del Niño Aylan ha causado un impacto mucho mayor, y es por su carga metafórica.

Que un niño quede destrozado cuando la ciudad es salvajemente bombardeada, o aparezca enterrado bajo los escombros, es lo lógico. Pero que en una playa de lujo, junto a un hotel de cinco estrellas, aparezca el cadáver de un niño de tres años, el contraste es tan brutal, que el rebaño se altera.

Y hay que apaciguarlo. De ahí esa exaltación de la hipocresía que es que se pongan al frente de la manifestación individuos que son responsables del asesinato a tiros de inmigrantes que intentaban llegar a nado a una playa española.

Que eran balas de goma dijeron los canallas a la población, y las balas de goma no matan.
Pero colaboran eficazmente a que la gente se ahogue.

Por no hablar de la Señora Merkel que es responsable de la miseria que lleva a mucha gente a la muerte.



Sirva esta introducción debida a las noticias del momento para entrar en el tema básico de este post, el proceso de zombificación creciente de la población, que puede apreciarse en otra imagen de este terrorífico mes de agosto 2015.



Hay una historia de robots de Isaac Asimov, que se llevó a la pantalla protagonizada por Will Smith, en la que un robot se fabrica con una de las leyes alterada, lo que le permite tener reacciones propias que los demás no pueden tener. Y debido a una reacción anómala que no pueden tener los otros robots es descubierto por la doctora Calvin.

Pues bién, lo mas terrorífico de la imagen no es el toro desgarrando la tripa del joven Miguel Ruiz. Al fin y al cabo era un profesional del espectáculo llamado recortador, que consiste en ponerle anillos a los cuernos del toro mientras se esquiva su embestida, algo tan estúpido como peligroso. El animal asustado solo se defiende de una agresión continua. Como se dice vulgarmente, son gajes del oficio



El joven es la víctima de una promoción de la barbarie por parte de unas autorizadas que buscan el embrutecimiento de la población, porque cuanto mas descerebrados sean los ciudadanos, mas fácil es manipularlos y conseguir que no reaccionen ante niños que aparecen en las playas o bajo los escombros provocados por las bombas, de las que huía la familia Kurdi.

Lo mas aterrador está a su alrededor. Esos espectadores que miran el espectáculo son auténticos zombis que nada tienen que envidiar a las imágenes del Zombi Art de Jack Larson.




Y como en la película de robots, solo hay uno que manifiesta una reacción humana. ¿sabes cual es?. Veamos la imagen con mas detalle, de izquierda a derecha.



Por aquí nada.


Por aquí tampoco. Todos parecen zombis.

Ninguna reacción especial.

Ni siquiera los niños parecen seres reales.

Aquí está el robot anómalo.
Uno de los zombis está mal programado. 
No puede soportar una visión tan horrorosa y se tapa la cara con las manos.

La única reacción humana de los espectadores de un espectáculo snuff en vivo, en directo y promocionado por los poderes públicos con el dinero de todos los ciudadanos.

¿alguien se extraña de lo que está ocurriendo?

Santiago Dom 6 sep 2015


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