martes, 12 de julio de 2016

Guerreros2. Toro Sentado

El símbolo de Little Bigg Horn
La memoria de los grandes guerreros, como Toro Sentado, Caopolican o Vercingetorix, permanecerán siempre en la memoria de los pueblos. Son los que se enfrentaron a los grandes imperios basados en la usurpación, el crimen y el genocidio. Los Custer, Valdivia, o Cesar solo están en los falsos libros de la historia que escriben los imperios.

El gran jefe de los lakotas “Toro Sentado” (Tatanka Iyotanka, el Búfalo que se Sienta), fue el líder espiritual y estratega militar que consiguió la alianza de varios jefes sioux y cheyenes, tras la profanación por los blancos de las Colinas Negras, las tierras sagradas donde descansaban sus antepasados.

Los indios se encontraban reunidos en un gigantesco campamento en Little Big Horn, cuando, el 25 de junio de 1876, fueron atacados por el Séptimo Regimiento de Caballería al mando del general Custer. Comandados por Toro Sentado, respondieron con tanta energía como ferocidad, y tras aislar a las diversas unidades de caballería, las aniquilaron.

Victoria efímera de un gran guerrero porque el genocidio del pueblo indio ya estaba decidido y se consumaba poco después.


Estos son los pueblos primitivos que la ideología racionalista considera inferiores, en ese delirio en el que la corrupta civilización del dios Dinero se ha puesto a si misma en la cima de la evolución, cuando la realidad es que representa lo mas hondo de la degradación humana.

"Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer." (Toro Sentado)

Toda la civilización occidental está construida sobre un enorme basurero, y toda su opulencia, basada en el expolio de los “pueblos primitivos”, se derrumbará sobre ella.



Profanación de la montaña sagrada de los lakotas realizada por Spielberg


La muerte de Toro Sentado
Fue en otoño de 1890, cundo el Gran Pájaro, posado sobre una colina, había anunciado a Toro Sentado que sería asesinado por los lakotas mercenarios del ejército americano.

La mañana del 15 de diciembre de 1890, un destacamento de la policía indígena , a las órdenes del teniente Henry Bull Head, se adentró en la reserva de Standing Rock en dirección a la cabaña de Toro Sentado. Poco antes del amanecer, cuarenta y tres policías indios, rodearon su cabaña, mientras Bull Head y otros más entraron, lo despertaron rudamente, le ordenaron que se vistiera y lo arrastraron fuera, donde se habían reunido unos cien seguidores del jefe indio.

Reservas indias, campos de refugiados, territorios ocupados, los mismos campos de concentración antes y ahora, la misma reacción heroica de la gente impidiendo la detención brutal e injustificada de sus líderes.

"No me iré. Haced conmigo lo que queráis!. Yo no me iré!"

Ese fue el último grito de Toro Sentado, en su idioma natal. El resto es el resultado de la infamia.

Se disparó un tiro que alcanzó en un costado al teniente Bull Head. Mientras caía, se volvió y disparó contra Toro Sentado. El sargento Red Tomahawk, que hasta ese momento iba empujando por detrás a Toro Sentado, disparó a la cabeza del jefe indio. Cuando terminó el tiroteo, había seis policías y ocho de los seguidores de Toro Sentado muertos o heridos de muerte, entre ellos su hijo de diecisiete años, Pata de Cuervo. 

La matanza de Wounded Knee
Dos semanas después se producía la matanza de Wounded Knee, la última “gloriosa hazaña” del ejército americano. Pero esta vez no fue un tiroteo. Fue un asesinato a sangre fría de hombres, mujeres y niños. (Murieron unos 300 indios, de los cuales más de 200 eran mujeres y niños, según wikipedia)

Siglo y cuarto después, en la civilizada época del progreso democrático, siglo XXI, año 2016, los mismos métodos, los mismos crímenes, la misma historia.


El Nuevo Espíritu
Al comienzo del próximo milenio (dentro de mil años), el Espíritu, al que se refiere Toro Sentado, habrá triunfado, como todos los textos sagrados profetizan, desde el Apocalipsis a la Völuspa nórdica:

Veo ahora la tierra de nuevo 
alzarse toda verde otra vez de entre las olas
Caen las cataratas y vuela el águila 
que apresa el pez entre los escollos 
 (Völuspa, 59)

Tal vez las águilas moteadas sobrevuelen las ruinas de la Ciudad de la Cultura, y cacen los peces que ahora mueren envenenados en las aguas sucias del Sar.

Seguirán las torres de la Catedral “ollando as lontananzas” pero será un monumento en memoria de los dioses muertos, los dioses de la Guerra (para los amos) y de la Sumisión (para los siervos), que el Nuevo Espíritu habrá desterrado para siempre.

El Sar y el Sarela unidos en un parque natural único, bordearán la ciudad antigua convertida en museo, centro de peregrinación cultural de un país libre, donde el concepto racionalista de Nación, inseparable de la noción de Estado, que trajo la ruina y la esclavitud a los pueblos de la Tierra, será solo un triste recuerdo de un remoto pasado, cuando los poderes oscuros que gobernaban el planeta lo envenenabas desde el cielo con sus naves voladoras.

Martes 12 julio 2016

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